
Octubre me trae tantas cosas, un natalicio, vientos y esa nostalgia de los que no están cuando se acerca navidad. Hoy cumplo un cuarto de siglo, y con propiedad puedo decir que de aquí para atrás, he vivido tanto y he hecho de todo. Hoy no amanecí tan contenta, más bien, siento que amanecí extraña, con esa sensación de no querer mirar atrás, de decir que no me importa lo que hice ayer, si no lo que hago ahora, y así sucesivamente. La vida me ha regalado tanto; virtudes, errores, tristezas, depresiones, etc. y de todas ellas me alegro hoy.
Voy a contar una anécdota, que dirán que es triste pero me recuerda por qué debo seguir adelante; de pequeña nunca me gustó mucho mi cumpleaños, 20 de octubre significaba que venía el 2 de noviembre, y eso a su vez, que había que ir a enflorar a mi abuelo paterno, varias veces he mencionado cuánto me afectó su pérdida, y por ende sentía que estar ahí en el cementerio era recordar que ya nunca más nos veríamos en vida, y ni idea si después de la muerte. Con el tiempo fui cambiando de cassete y comprendí que cumplir años iba mucho más allá de eso, que habían cosas por las cuales alegrarse por ejemplo cuando subí de talla de zapatos y me compraron mis primeros tacones altos, y no era lo material lo que me alegraba, sino el sentirme grande, aunque hoy puedo pensar que voy de bajada y será lo contrario: sentirse vieja (Sí, viejos los caminos). El transcurso de los 12 a los 18 fue larguísimo, cada año me preguntaba por qué crecer era un suplicio, cuándo me iban a dejar maquillarme o pintarme el pelo, me quitaba las cejas delgadísimas y usaba peinados estrafalarios, no pensaba ni en qué carrera iba a meterme para cuando estuviera en la universidad… y de los 19 a los 25… fue todo lo opuesto, ni lo he sentido el tiempo, de forma progresiva dejé de maquillarme tanto, a veces ni me quito las cejas, dejé los tacones por zapatillas, nunca me pinté el pelo ni quiero, y no me peino tanto… a lo mucho un moño mal amarrado, subí de talla de ropa, y la estatura… de aquí en adelante quizá me reste centímetros en un tiempo. Todos los días hay cambios, para empeorar o para mejorar, y como ya probé de los dos, pues les digo que siempre hay que cambiar por uno mismo y no por que los demás quieran.
Si Dios lo permite, o si la vida misma más bien… estaré aquí cada año mientras viva, contando cómo me he sentido al respecto, porque apenas va medio día y pues ya muchas amistades y conocidos se dieron a la tarea incluso de cantarme las mañanitas a plenas cuatro y media de la madrugada (¿verdad @Queith?, pero no logró despertarme jajaja, por 10 minutos le gané porque ya me había levantado), y así fueron apareciendo todos esos mensajes de apoyo y felicitaciones, los cuales agradezco infinitamente primero porque me levantan los ánimos y segundo porque hay días que siento que nada vale la pena y que solo cosas malas me suceden cuando existe tanta gente que se preocupa por vos de una u otra manera.
Un abrazo para ustedes.