La frase con la está titulada esta entrada es una oración que se reza frente a la Cruz de mayo, justo antes de tomar una fruta colocada al pie de la misma. La cruz se hace de el popular “palo de jiote” y se adorna con guirnaldas de papel de china, plástico, flores, muchas frutas de temporada. Una vez montada, el mismo día en la noche se rezan 3 rosarios frente a la cruz y se puede departir con la familia tomando café y tamales. Existe la creencia popular, entre los fieles católicos, que si no colocas la cruz en el patio de tu casa, el diablo llegará a bailar de noche en ella. Así que mucha gente mantiene viva esta cultura entre generaciones. Se cree que el origen de esta tradición es desde antes de la cristiandad de los pueblos. He aquí una interesante información sobre el día de la cruz:
Con la aparición de las primeras lluvias, se rendía culto a la fertilidad, a la madre tierra y a la deidad de Xipe Totec, nuestro Señor El Desollado. Este dios fue muy importante en la época precolombina y es considerado como uno de los principales dentro del panteón mesoamericano.
El culto a Xipe Totec se efectuaba desollando una víctima cubriendo con su piel al dios. Así como con la lluvia, la tierra se cubre con un nuevo manto de vegetación, así era vestido el dios Xipe Totec con la piel de las víctimas.
Quizás un último remanente de este rito se ha resguardado en la costumbre tradicional de la celebración de la Cruz de Mayo, la cual se reviste con flores y frutos cuando las primeras lluvias los han hecho florecer. Esta debe ser elaborada del “palo de jiote”, recordando el cambio de pie por otra, simbolizando la renovación de la vegetación.
El culto a Xipe Totec se originó en la costa pacífica y de allí irradió a otras zonas, Tal como lo menciona el Padre Fray Bernardino de Sahagún, en su libro “Historia General de las Cosas de Nueva España”, (Editorial Nueva España, México, 1946). De hecho, en nuestro país se han encontrado varias efigies de Xipe Totec en tamaño natural, elaboradas de cerámica. Dos de ellas fueron encontradas en el Lago de Guija, según lo reportó Stanley Boggs, en su libro “Dos Xipe Totecs del Lago de Guija” (en Anales 1976). La escultura de Xipe Totec que posee el Museo Nacional “David J. Guzmán”, constituye un símbolo para los salvadoreños.
La descripción que hace Sahagún sobre Xipe Totec es elocuente, por lo que se transcribe a continuación:
XIPE TOTEC. Nuestro señor El Desollado “La imagen de este dios es a manera de un hombre desnudo, que tiene un lado teñido de amarillo y el otro leonado; tiene la cara labrada de ambas partes a manera de una tira angosta que cae desde la frente hasta la quijada; en la cabeza a manera de un cepillo de diversos colores, con unas borlas que cuelgan hacia las espaldas. Tiene vestido un cuero de hombre; los cabellos trenzados en dos partes y unas orejeras de oro; está ceñido con unas faldetas verdes, que le llegan hasta las rodillas, con unos caracolitos pendientes; tiene unas cotaras o sandalias, y una rodela de color amarillo, con un remanente de colorado todo alrededor, y tiene un cetro con ambas manos, a manera de la copa de la adormidera, donde tiene la semilla con un casquillo de saeta encima empinado”.
(Historia General de las Cosas de Nueva España, Bernardino De Sahagún 1946. págs. 51-52)
A diferencia del informe de Sahagún, los Xipe Totec encontrados en El Salvador son todos efigies de cerámica, huecas, algunos en posición vertical y otros sentados, con detalles modelados y al pastillaje. Representan cuerpos humanos al tamaño natural. (Ver figura)
Otro elemento que podría mencionarse es la concepción mesoamericana de los cuatro puntos cardinales la cual recuerda la cruz cristiana. Dentro de los pueblos mayas, en cada uno de estos puntos se encontraba una ceiba, el árbol sagrado. A cada uno de los puntos les correspondía un color. Así tenemos que entre los Mayas, al Este le correspondía el color rojo, al Norte el color blanco, al Oeste el color negro y al sur el color amarillo. También en los 4 puntos cardinales habían 4 Bacabs o cargadores de la tierra; 4 Pauahtuns o dioses del viento y 4 Chacs o dioses de la lluvia.
En el Popol Vuh tenemos los 4 Balams (tigres), guardianes de los campos:
Balam Quitzé, Balam Acab, Mahucutah e Iqui Balam.
Dentro de los Aztecas (pueblos Nahua), la simbología de colores fue la siguiente: Al Este le correspondía el color blanco. Al Norte el color negro, al Oeste el color rojo y al Sur el color azul.
Lo más importante a considerar es que gran parte de esta sabiduría se perdió en el tiempo temprano de la Colonia, con la misión de los religiosos de imponer el cristianismo a través de los métodos de la Inquisición, obligando a desechar los antiguos ritos y cosmovisiones de la poblaciones precolombinas. Pero otra porción se mantiene vigente en El Salvador actual, dentro de las poblaciones con raigambre indígena.
La celebración de la Cruz de Mayo es un ejemplo extraordinario de la gratitud que expresaban nuestros pueblos ancestrales a los frutos de la tierra. Ojalá que conservemos este mensaje de agradecimiento y de respeto a la tierra, que tenían los pueblos pipil, maya, ulúa y otros, para que se cumpla a plenitud la función de esta costumbre popular salvadoreña de la Cruz de Mayo.