Un día le comentaba a un colega blogger, que antes, externaba muchas cosas de mí misma, más pensamientos, y en verdad me sentía a gusto… de repente eso se esfumó, o es que yo crecí más como persona… no puedo regresar el tiempo e ir a preguntarle a ese yo de hace 5 años, qué es lo que me hacía tomar decisiones, y decir hasta aquí, demostrar rebeldía y coraje, ese coraje que siento que me falta para decir las cosas. Incluso hice un back up de cosas, me puse a leer las cartas que mis amigas y compañeras del colegio me escribieron unos días antes de vernos por última vez. Todas tenían un común denominador, “quiero agradecerte por tus palabras”, “tú vales mucho”, “no dudes en buscar a Dios”, “espero que encuentres a alguien que te quiera mucho y que tú también quieras”, y se me hace el nudo en la garganta cuando las leo. Porque he cambiado mucho, muy pocas personas hoy en día se toman la molestia de escribirte algo con sus propias manos. Y eso incluye hasta a los mismos padres, hermanos, novios, amigos, amigas más cercanos… uno piensa que con que estén ahí basta, y nos olvidamos de esos detalles tan sencillos y a la vez tan importantes.
Dirán que soy ridícula, que eso solo lo hacen los adolescentes, pero yo guardo tantas cosas de la gente, y odio que los verdaderos problemas no se cuenten cara a cara, papeles, calcomanías, cartas, sobres, fotos, hasta rollos que nunca revelé tengo guardados, y sigue siendo contradictorio, que esas cosas que conservo son, la mayoría de gente que ya no frecuento o que está muy lejos. Sigue siendo así…
Este post, fue inspirado por mi amigo Gerardo. Gracias por la carta y los buenos deseos que volaron desde Taiwán.

