Si hiciera una remembranza de todas las veces que por andar de “boca abierta” me he escapado a matar, tendría para escribir una anécdota semanal al respecto. Soy sumamente distraída, y no es que me enorgullezca eso, pero me han atropellado, botado, me he resbalado lavando ropa, me he caído en el baño, de las gradas, me he partido la cabeza y hasta me caí a un barranco con todo y bicicleta hace unos 16 años (todavía una de mis piernas me recuerda ese magno evento), además, me he quemado cocinando, entre otras cosas menos crueles. Dados estos eventos, quienes me conocen concuerdan en que, de pura suerte no me he matado. La verdad no me hace gracia, y de hecho me frustra, porque tengo pensamientos negativos muchas veces, una cosa mala conduce a otra y finalmente, la cadena de eventos me hace pasar un mal día.
¿Y por qué a mí?
Habiendo leído lo anterior, pueden deducir a qué se refiere la foto que anexo a este post. Ahora, mientras esperaba que me fueran a recoger al trabajo, tocaron el timbre y no había nadie más que yo, y uno de los jefes estaba en su oficina, le fui a consultar si podía abrir, puesto que ya estaba cerrado, entonces él se dispuso a salir para atender a quién llamaba a la puerta. Resultó ser un vigilante que deseaba que moviesen el carro que ocupaba un espacio privado, y como no tenía llave, me pidió de favor (mi jefe) que cuando tocara el timbre le fuese a abrir. Pues yo, de obediente me quedé pendiente del sonido, y en cuanto escuché que tocó, salí corriendo para abrirle rápido y, como andaba con botines, al bajar los escalones en el penúltimo peldaño me enredé con un tapete que colocan para retener el polvo de la calle, e inevitablemente tropecé y caí. Lo demás es punto y aparte:
- Me doblé el tobillo
- Arruiné mis chivi-botines que costaron $5 en estafa-easy-buy,
- Ya no pude ir a la universidad,
- Me quedé con un gran dolor de cabeza de la reverenda revolcada que dí en la cochera.
Después de eso, ya más relajada y luego que me reí de mi misma, pasé el resto de la noche brincando en un zapato… para variar, mi papá se rió de mí y mi novio se molestó por mi manía de no fijarme en nada.
Meh, peores cosas me han pasado… pero igual, no me quería ir a dormir sin desahogarme.

