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Lo barato sale caro, y ser distraída: Mucho más

Monday, March 15th, 2010

Si hiciera una remembranza de todas las veces que por andar de “boca abierta” me he escapado a matar, tendría para escribir una anécdota semanal al respecto. Soy sumamente distraída, y no es que me enorgullezca eso, pero me han atropellado, botado, me he resbalado lavando ropa, me he caído en el baño, de las gradas, me he partido la cabeza y hasta me caí a un barranco con todo y bicicleta hace unos 16 años (todavía una de mis piernas me recuerda ese magno evento), además, me he quemado cocinando, entre otras cosas menos crueles. Dados estos eventos, quienes me conocen concuerdan en que, de pura suerte no me he matado. La verdad no me hace gracia, y de hecho me frustra, porque tengo pensamientos negativos muchas veces, una cosa mala conduce a otra y finalmente, la cadena de eventos me hace pasar un mal día.

¿Y por qué a mí?

Habiendo leído lo anterior, pueden deducir a qué se refiere la foto que anexo a este post. Ahora, mientras esperaba que me fueran a recoger al trabajo, tocaron el timbre  y no había nadie más  que yo, y uno de los jefes estaba en su oficina, le fui a consultar si podía abrir, puesto que ya estaba cerrado, entonces él se dispuso a salir para atender a quién llamaba a la puerta. Resultó ser un vigilante que deseaba que moviesen el carro que ocupaba un espacio privado, y como no tenía llave, me pidió de favor (mi jefe) que cuando tocara el timbre le fuese a abrir. Pues yo, de obediente me quedé pendiente del sonido, y en cuanto escuché que tocó, salí corriendo para abrirle rápido y, como andaba con botines, al bajar los escalones en el penúltimo peldaño me enredé con un tapete que colocan para retener el polvo de la calle, e inevitablemente tropecé y caí. Lo demás es punto y aparte:

  1. Me doblé el tobillo
  2. Arruiné mis chivi-botines que costaron $5 en estafa-easy-buy,
  3. Ya no pude ir a la universidad,
  4. Me quedé con un gran dolor de cabeza de la reverenda revolcada que dí en la cochera.

Después de eso, ya más relajada y luego que me reí de mi misma, pasé el resto de la noche brincando en un zapato… para variar, mi papá se rió de mí y mi novio se molestó por mi manía de no fijarme en nada.

Meh, peores cosas me han pasado… pero igual, no me quería ir a dormir sin desahogarme.

¿Cómo vencer el miedo a hablar en público?

Thursday, February 4th, 2010
Imagen vía: Creando talento con Gertrude Hanks

Hace unos días inicié un pequeño curso (obligatorio) para egresados de todas las carreras de mi universidad, son varios temas a cubrir y para ello, me entregaron material del primer módulo. Ya tuve las primeras evaluaciones y la temática abarca el aprender a dar discursos haciendo uso de técnicas de oratoria. Pareciera ser un curso insignificante, pero en el campo profesional es de vital importancia aprender a hablar frente a diversidad de personas de distintos ámbitos; si usted es padre de familia, sabrá lo difícil que es participar de las escuelas de padres; o lo complicado que resulta pasar a decir unas palabras en un acto de la empresa, e incluso cuando fuimos niños. Porque ¿Qué sentido tiene ser profesional, tener todo el conocimiento, pero no el valor ni el léxico adecuado para exponer unas cuantas ideas?

Aclarada la introducción, les traigo unos sencillos tips (las explicaciones son de mi autoría, y los pasos son tomados de el libro “Comunicación Oral Efectiva” por Rudolph F. Verderber) para vencer ese temor a hablar en público:

  1. A pesar del nerviosismo, se puede terminar de dar el discurso. Esto se refiere en la práctica a que, por muy tembloroso que sienta el cuerpo o la voz, e incluso piense que sus palpitaciones las pueden escuchar sus oyentes es posible que otorgue un discurso adecuado y eficaz.
  2. Los oyentes no se percatan del miedo que usted siente. Relacionado al primer punto, el miedo es nada más su percepción personal de no estar preparado para hablar, es recomendable, que no le diga a su público “Disculpen, es que estoy muy nervioso o nerviosa” porque ellos no saben cuáles son las emociones por las que usted está pasando.
  3. Cuanto mejor preparado esté, mejores serán las posibilidades de afrontar el nerviosismo. El nerviosismo extremo aparece cuando no se domina muy bien el tema a exponer, e incluso dominándolo se tiene el pensamiento de no saber qué se va a decir. En este caso, lo más recomendable es practicar mucho, ser positivo y si existe la posibilidad, añadir un punto de vista personal de la temática para sentirse a gusto.
  4. Cuanta más experiencia obtenga en el discurso hablado, mejores serán sus posibilidades de afrontar el nerviosismo. En la medida que pronunciemos más frecuentemente los discursos o presentaciones, ganaremos mayor confianza en nosotros mismos y dejaremos de preocuparnos por esos detalles que considerábamos obstáculos para hablar en público.
  5. Los oradores experimentados  aprenden a canalizar su nerviosismo. Relacionado con el punto 4., debemos aceptar que siempre habrá algún grado de nerviosismo respecto al discurso, ya sea por el tamaño del lugar, la cantidad de asistentes, la importancia de los mismos o el vínculo afectivo con alguno de ellos; sin embargo, este nerviosismo se disipará en la medida que ganemos experiencia y aprendamos a controlar la emoción del momento.

Espero que estos pequeños consejos, sean de mucha utilidad al momento de decir un par de palabrillas incluso entre amigos ;) ya ven que no es fácil… a veces hasta pasar al frente a decir nuestros nombres y ocupaciones nos apena.

Un abrazo.